Tres lecciones de vida que me deja la película Coyote vs. ACME

Bien jugao con Cineplanet Plaza San Miguel 🙂 Imagen: Mónica Denegri. © Huayranga.

Creo que a muchos de los que, cuando éramos niños, vimos al coyote Wile perder siempre que quería atrapar al correcaminos, nos hubiera encantado verlo ganar, por lo menos una vez, en su empecinada tarea…

Pero nunca nos dieron ese gusto cuando éramos niños…

No se me malentienda; no es que quisiera ver al correcaminos morir despedazado por los dientes del coyote… No era nada en contra del pajarraco que, por momentos, sí, me daba cólera.

Era más bien un sentimiento de afición por alguien que siempre estaba intentando lograr algo, siempre le salían mal las cosas y, a pesar de eso y de las enormes explosiones y golpes que se llevaba en su afanoso intento… Siempre, a pesar de todo eso, lo volvía intentar…

Por eso que, putamadre, me quería dar un día el gusto de ver al coyote Wile triunfar en lo que, ya en algún momento, parecía una ambición inalcanzable…

El mito que escuché cuando era todavía un chiquillo era que alguien había pagado un millón de dólares o algo más, para que la Warner Bros. creara ese capítulo… Y ya cuando fui grande y con la llegada de la internet, pues lo busqué… Y ya por ahí pueden ustedes buscar ese video; pues por ahí está, aunque a mí siempre me quedó la duda de que fuera real…

En fin…

El asunto es que, habiendo pasado los años, el otro día me fui a ver el Coyote vs. ACME al cine (a Cineplanet, para ser exactos), y bueno me aguanté la linaza ahí en el cine… Pero yo soy un sentimental, así que quiero extraer esta vez, para esta nota, tres lecciones de vida que encontré en la película, y dejar fluir así mi corazoncito en honor a mi entrañable amigo de la infancia, y ahora de la adultez, el coyote Willy… Sí, así como lo leen, porque así con ese nombre lo conocí yo toda mi vida…

Ahí les va:

El valor de la perseverancia

¿Cuántas metas podríamos lograr si, simplemente, decidiéramos no rendirnos nunca jamás?

En esta era de la inmediatez y del alcance de las cosas con un click, pareciera que, al primer obstáculo o dificultad, estuviera culturalmente más aceptado dejar una meta de lado y dedicarse a algo más…

Después de un buen tiempo de intentar conseguir un objetivo y fallar continuamente, la perseverancia puede llegar a verse, incluso, como una huevonada; y pareciera que el mejor consejo y -hasta lo más sabio- es rendirse ante los obstáculos y tirar la toalla, desviando la mirada hacia un objetivo un poco más fácil…

Pero la verdad es que la mayoría -o quizá todos- los avances en que la humanidad ha demostrado su valía, han estado estrechamente relacionados con la práctica de la perseverancia…

Esa capacidad de volver a intentar a pesar de todo y sin importar cuántas veces más uno pueda volver a fallar en el camino.

Sin ir muy lejos, por ejemplo… ¿Crees que jamás fue necesaria la perseverancia para inventar ese aparato que ahora estás utilizando para darte el gusto de leer esta nota huayranguera?

Quizá en la cotidianidad de clase media para arriba la perseverancia haya perdido un poco de valor porque ahora es menos utilizada que en los tiempos antiguos… Ahora muchas cosas, en estas clases sociales, se consiguen mucho más fácilmente que antes, sin tener que ejercitar la perseverancia tanto como anteriormente se necesitaba…

Y entonces la vamos perdiendo de vista…

Pero si nos decidimos perseguir un objetivo que a primera vista parezca inalcanzable, uno que realmente nos plantee una enorme dificultad; entonces, seguramente, en el camino, cuando las papas quemen y todo parezca indicar que lo mejor es saltarte de la olla y huir; sólo entonces, tendrás esa oportunidad de conocer el verdadero valor de la perseverancia y escribir tu propio destino falla tras falla, superación tras superación…

Y si la muerte te coge en el camino, sin todavía haber logrado tu objetivo… ¡Pues qué chucha! Al menos habrás vivido con propósito…

Y eso es algo que, si has visto la película, recordarás que el coyote Willy nos enseña…

Incluso quizá tengas tanta suerte como él y, a los ojos de alguien, dejes un legado en esta vida…

Todo por aprender cuál es el verdadero valor de la perseverancia…

¡Gracias, coyote!

El valor de las personas

Otro de los temas en los que me hizo reflexionar la película fue sobre cómo le otorgamos valor a las personas…

Durante el juicio que se desarrolla en la película, los adversarios del coyote lo juzgaban porque nunca había logrado su objetivo y sólo había fallado en sus innumerables intentos, argumentando, prácticamente, que por ese motivo, nuestro amigo Willy valía mucho menos que los demás seres de su comunidad…

El abogado del coyote, en cambio, respondió expresando su sincera admiración por las características personales de su defendido… Sobre su increíble perseverancia y sobre cómo esa actitud le había enseñado a él (a su abogado) a tener un propósito en la vida, lo cual él ya había olvidado…

Esto me hizo pensar sobre cómo, en general, en nuestra sociedad se juzga mucho el valor de las personas de acuerdo al éxito que hayan tenido o no tenido en los objetivos de su vida… Básicamente pareciera que, mientras más éxito tengan al intentar hacer algo, más vales como persona; y mientras menos éxito tienes, menos vales como tal…

Y eso sin contar que, las áreas de la vida que entran en juego a la hora de ese juicio, suelen ser muy pocas: Finanzas, fama, desarrollo profesional; y quizá alguna más… Otras áreas que podrían ser más o igual de importantes suelen estar fuera de la vista: Salud, relaciones familiares, nivel de felicidad; por citar las primeras que se me vienen a la mente…

Creo que, lo que me recuerda este momento de la peli, es…

Por un lado; que la sociedad siempre te juzga de acuerdo a sus propios patrones culturales… Y de acuerdo a eso juzga tu valor como persona, si eres ganador o perdedor, si mereces ser querido o si no te lo mereces…

Y por otro lado; me recuerda que hay un valor intrínseco en cada persona, un valor que es inapelable, que existe solamente por el hecho de existir, porque sí, porque estamos aquí, porque somos; y no tiene nada que ver con aquello que hayamos logrado o que no hayamos logrado… Y creo que ese valor podría ser nuestra base, sin desatender por eso los objetivos que tengamos en la vida.

Quién diría que, al pasar de los años, el coyote Willy me estaría haciendo reflexionar sobre estos temas…

¡Gracias, mi bro!

Las sorpresas que da la vida

Supongo que ni el coyote se la esperaba…

Pero de simbolizar la falla continua, y quizá con eso, formarse una imagen de pérdida repetitiva; pasó de pronto a ganarse el respeto de todos y a representar la imagen de la perseverancia continua…

Incluso perdiendo el juicio en la peli, al final se ganó el respeto de los personajes y pudo lucirse con una elaboradísima trampa para atrapar esta vez, no al correcaminos, pero sí a quienes eran sus enemigos en la película (los representantes de ACME).

Y debo decir que, al perder en el juicio, el coyote mantiene esa esencia de su personaje, y logra triunfar, de alguna manera, sin enajenarse de sí mismo… Eso, a mí, me parece un tributo genial; pues sin dejar de ser él mismo en su esencia, logra sacarle la vuelta al partido y simbolizar algo que quizá nunca nos hubiéramos imaginado de él…

Pienso que, para quienes prevalecen en el intento de lograr algo que se les hace difícil, esta simbología puede representar el aliento que a veces se necesita para continuar y continuar, a pesar de todas las fallas y dificultades, sin sacrificar nuestra esencia, y conservar, de esa manera, la virtud de ser uno mismo.

Yo sinceramente estoy muy agradecido con el coyote, y por supuesto, con quienes hicieron posible que esta película llegue a los cines… Incluso con la Warner Bros., a pesar de que, según parece, estuvieron a punto de almacenar la película en el fondo de un cajón…

Y por supuesto, un agradecimiento especial a Ketchup Entertainment, quienes finalmente la compraron y se arriesgaron, cual coyote Willy, a capturar a una audiencia que muchas veces actúa como el correcaminos, desapareciéndose en un santiamén…

¡Bien jugao, Ketchup Entertainment!

Anotación final:

Supongo que, si me gustó tanto la película y me hizo reflexionar de esta manera, es porque me toca cierta fibra, como se dice…

Debe ser que, en el fondo, me reivindica un poquito conmigo mismo y me cambia cierta autopercepción; ya que, aunque me siento bastante bien conmigo mismo y con el tipo de persona que soy, de cuando en vez el hecho de todavía no llegar a donde quiero con mi empresa, me golpea un poco el alma y la autoestima…

Pero en estos más de 15 años me he caído y me he levantado mil veces, y aquí estoy, sentado en mi escritorio redactando esta nota, para publicarla en el blog de mi empresa y con eso dar un paso más hacia donde quiero llegar, sin sacrificar el tipo de persona que me gusta ser…

Creo que he cometido cien mil equivocaciones en este camino; pero de las cien mil veces, por lo menos en mil he aprendido y me he convertido en mejor persona, y con eso, por el momento, me siento muy bien pagado…

Les cuento todo esto para que se desahueven y; si tienen un sueño, un proyecto, un deseo, una meta o algo parecido, pero que parece inimaginable alcanzar, no se amilanen y, más bien, sean como nuestro amigo el coyote Willy, se sacudan el polvo de la última caída y… Lo vuelvan a intentar… ¡Siempre, siempre!

Gracias por su tiempo de lectura…

Que les vaya excelente y…

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Contentazo después de ver la peli 🙂 Fui bien acompañado, pero a ella no le gusta salir en las fotos de las notas. Imagen: Mónica Denegri. © Huayranga.

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